miércoles, 26 de abril de 2017

¡Mátalos en caliente!

Como se sabe el general Díaz alcanzó el poder derrocando mediante la revolución de Tuxtepec, al gobierno del licenciado Sebastián Lerdo de Tejada. Aunque arribó al mando político de la nación hasta que, mediante elecciones fue nombrado presidente constitucional de México el 5 de mayo de 1877. Recibió un país en la miseria y además infestado de maleantes,abigeos, asaltantes de camino y ladrones de ciudad para quienes matar no tenía relevancia. Por si fuera poco, el derrocado Lerdo se había refugiado en Nueva York y desde ahí, valiéndose de militares y políticos que le continuaban siendo fieles, repartía dinero para organizar una contra-revolución que le devolviera el poder.
Esas condiciones hicieron que el inicio del gobierno de Díaz fuera difícil en extremo, pues no sólo debía buscar la restitución de la paz en todo el territorio, cuidar los movimientos de la facción lerdista que buscaba corromper al ejército; al mismo tiempo hacerse de recursos para pagar los crecidos gastos de la administración. México no tenía crédito en ningún lado, pues hasta los agiotistas se negaban a prestar y cuando lo hacían reclamaban intereses leoninos y sobre alguna prenda, para no arriesgar. Hasta el edificio del Palacio Nacional resultó hipotecado. Por otro lado tuvo Díaz que esmerarse en el cuidado de los ingresos públicos y luego proceder con mano avara evitando gastos superfluos, al tiempo que administraba el dinero procurando resolver las necesidades más ingentes de la nación. Tomó medidas duras, como reducir el ejército y disminuir la burocracia, prohibiendo, bajo penas graves, tener dos empleos en el gobierno, amén de que redujo los salarios de todos los burócratas de mayor salario.
También en la pacificación del territorio usó Díaz de mano dura, a veces hasta cruel, según declaró muchos años después al periodista Creelman. Consolidar la paz se constituyó en obsesión de su gobierno. Porfirio contaba con la experiencia que había adquirido durante el tiempo que fue gobernador y jefe político del distrito de Tehuantepec, donde había enfrentado una situación semejante y también durante los años en que además de ser el general en jefe del ejército de Oriente, se ocupó mediante interpósitas personas del gobierno y jefatura política de varios estados de la República.
Sin embargo no era lo mismo ser el general omnímodo que en situaciones de guerra todo mundo obedece sin chistar, que el presidente de una nación en la que hay leyes que cumplir. Por ello muchas críticas surgieron ante algunas de la órdenes que don Porfirio daba, por ejemplo, el 29 de agosto de 1877, enterado de que una gavilla de 30 hombres incursionaba cometiendo delitos en el estado de Guerrero, escribió al jefe Jesús Alfaro diciéndole: Supongo que se habrá desplegado una actividad extraordinaria en la persecución de la gavilla y… que pronto quedará exterminada. Nótese que no demandaba que la partida rebelde fuera capturada, puesta en prisión, disuelta, etc. Daba órdenes don Porfirio como si continuará al frente de su tropa y el enemigo debiera ser exterminado, sin tener en cuenta que ya era el jefe de una nación y que toda orden emitida debía regirse por las leyes. Otro ejemplo, entre muchos, es la carta que Díaz dirigió a Juan Mirafuentes avisándole que:en Tenancingo, Estado de México, existe una partida de 40 ladrones… se lo digo a fin de que se sirva dictar las providencias para que dicha partida sea perseguida con toda actividad, hasta lograr su completo exterminio.
Acaso el ejemplo más claro de esa mentalidad militarista se daría cuando hubo un motín de marinos en el puerto de Alvarado, y avisado Díaz mandó a Luis Mier y Terán-gobernador de Veracruz-, una orden draconiana para castigar a los sublevados que se habían adueñado de un barco, orden que Mier y Terán malinterpretó y pensando cumplirlafusiló a nueve personas que sacó del domicilio donde dormían y los trasladó al cuartel para pasarlos por las armas. Don Rafael de Zayas Enríquez inventó después el texto del telegrama diciendo que él lo había leído mediante la clave apropiada y éste decía: ¡Cogidos infraganti, mátalos en caliente!El historiador Alberto María Carreño encontró en el archivo de Porfirio Díaz el documento y lo publicó la UNAM junto con la clave para poderlo leer. Podemos asegurar al lector que ese texto da una orden mucho más terrible, porque hace caso omiso de los principios jurídicos que regían a la nación y ordena sin juicio alguno la muerte de muchas personas; por fortuna el error de Mier y Terán salvó la vida de los sublevados.Fue tal la alharaca que se produjo en todo el país, que el presidente a duras penas consiguió salvar a Mier y Terán, aunque la responsabilidad de él quedó evidente y fue la última vez que siguió ese procedimiento. Nueve personas pagaron con su sangre la conversión de Porfirio de jefe militar a Jefe de Estado y en este cambio tuvo mucho que ver la inteligencia del caudillo y los consejos de Carmelita Romero Rubio, su segunda esposa.
Hemos querido tratar este tema porque un colega del Facebook airadamente nos reclamó el pretender traer los restos de don Porfirio a México, cuando era sabido que el expresidente había sido un asesino. Eso, excitó nuestro interés por declarar que después de muchos años estudiando la vida de don Porfirio, no hemos encontrado pistas, declaraciones, huellas de órdenes o vestigio alguno que permita aseverar nuevos decretos de muerte. Por supuesto durante el Porfiriato murieron muchas personas que enfrentaron al ejército o a la policía; también muchos individuos fueron puestos en prisión, pero en todos los casos siempre estuvo de por medio la sentencia de un juez.
A don Porfirio le achacan sus enemigos hacer uso frecuente de su matona –la enorme espada con que lo caricaturizaba la prensa de oposición-, pero no aportan pruebas, nombres, testigos, cartas, algo que apoye su dicho. Algunos le contabilizan en esa macabra cuenta el millón de muertos que produjo la Revolución mexicana (¿cómo conseguirían tal estadística?). Pero, ¿puede ser responsable Porfirio de los crímenes de la porra maderista?, ¿de los muertos por el golpe de Estado de Victoriano Huerta?, ¿de los asesinatos de Zapata y Villa?, ¿del magnicidio cometido en la persona de Venustiano Carranza?, ¿de los muertos en Huitzilac? Y mejor aquí concluimos este artículo,puespodría ser que algún político moderno quisiera echarle tierra al caudillo, en cuyo caso tendríamos que contestarle con aquel famoso dicho argentino: ¡Callate, Che, que vos también tenes tu historia!

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